ARTESANIA

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ARTESANIA

LA ARTESANIA EN GIPUZKOA Y EN EL PAIS VASCO

En su origen, el trabajo artesanal surge como respuesta de la sociedad ante unas necesidades materiales concretas en los diferentes campos o actividades laborales.

La desaparición de determinadas especialidades artesanales, cuyo conocimiento se ha transmitido durante décadas y a veces durante siglos de generación en generación, proviene fundamentalmente de dos causas. Primera, la irrupción en el sector de otra alternativa de fabricación que o bien disminuye los costes de producción, o bien mejora la calidad o la durabilidad del objeto artesanal; y segunda, la desaparición del oficio o modo de vida que originó la creación de la especialidad artesanal.

Un claro ejemplo del primer grupo es la práctica extinción de los artesanos que fabricaban clavos -iltzegile- que se produjo al aparecer las primeras fábricas con producción en serie, lo que supuso una considerable reducción tanto en los costes como en el tiempo de proceso, sin detrimento de la calidad.

Kaiku elaborado por Domingo Etxandi. Errazu (Navarra)

La invención del plástico y sus derivados supuso en muchos casos la sustitución de piezas tradicionales de madera o metal. Tal es el caso del kaiku, recipiente utilizado por los pastores vascos para la recogida, transporte y tratamiento de la leche, que al fabricarse de plástico en vez de madera supone un cuidado y mantenimiento mínimo, mayor durabilidad y un precio de mercado inferior.

La paulatina pero inexorable desaparición de los artesanos que fabrican guantes de cuero para el juego de pelota, constituye un ejemplo del segundo grupo, puesto que han sido los propios usuarios de este objeto los que han decidido su suerte al celebrarse cada vez menos competiciones de esta modalidad deportiva, existiendo incluso el riesgo de su desaparición total.

En lo que al País Vasco se refiere, la evolución de la artesanía en el transcurso de los años ha sufrido los mismos problemas. Día a día están surgiendo nuevas tecnologías y nuevos tipos de artesanía de indudable interés; pero desde el punto de vista cultural e histórico es importante darse cuenta de que están desapareciendo ante nuestros propios ojos costumbres y modos de vida que han perdurado durante siglos; esto es, que somos los últimos testigos que podremos observar "en vivo" ciertas manifestaciones integrantes de nuestro complejo acervo cultural.

En las próximas líneas haremos una breve exposición de las especialidades más interesantes desde el punto de vista etnológico.

La zona cuya artesanía presenta una identidad propia más señalada, y quizás más acorde con la idea que se tiene en el exterior del pueblo vasco, es la región septentrional (véase la introducción).

El agua de los ríos que surcan sus estrechos valles, junto con la abundante madera de sus bosques, fomentaron el asentamiento de pequeñas ferrerías -olak- para la explotación de los yacimientos de hierro, constituyendo un claro antecedente de la industria metalúrgica actual. En la localidad guipuzcoana de Legazpia se conserva en perfecto estado la ferrería Mirandaola, entrando en funcionamiento un sólo día al año, el domingo siguiente al tres de mayo, con motivo de sus fiestas patronales (véase Fiestas).

Para satisfacer las necesidades derivadas del trabajo diario en los caseríos, con una economía basada en la explotación de una pequeña huerta y terrenos de labradío, junto con zonas abiertas para pasto (campas), rodeadas de extensiones boscosas, surgen una serie de especialidades artesanales ligadas al mundo agropecuario.

Así encontramos artesanos que elaboran desde artículos de primera necesidad para la indumentaria del baseritarra -casero-, hasta las herramientas que emplea para el trabajo en los bosques, pasando por los útiles y aperos de labranza relacionados con la agricultura minifundista que desarrolla.

Abarca de cuero sin curtir en las manos de Juan Elgarresta

Buenos ejemplos de ello son los abarkegile que elaboran el calzado habitual del baseritarra (en Gipuzkoa aún fabrica abarcas de modo tradicional Juan Elgarresta, de Gabiria); los guarnicioneros, con su amplio repertorio de objetos de cuero -frontaleras o kopetakoak, sillas de montar, collares, cabezales, todo tipo de correas,...- (en las localidades guipuzcoanas de Tolosa y Ordizia ); los yugueros -uztargile-, que se desplazaban antaño hasta el caserío para labrar "in situ" el yugo que uncía a cada pareja de bueyes según la forma y tamaño de su cornamenta -el yugo usado en Euskal Herria se apoya en los cuernos-. En Asteasu, Aia y Hernani todavía sobrevive este oficio, que se encuentra en vías de extinción.

En el barrio de Nuarbe y aledaños, cercano a Azpeitia, destaca de forma especial el buen quehacer de sus artesanos dedicados a la fabricación de cestas -otarre o saski- tanto de flejes de castaño como de mimbre.

El uso del kaiku antes mencionado, como tal recipiente de madera, era común entre los pastores vascos, pero en la actualidad se utiliza casi exclusivamente como elemento ornamental. Esta es la razón por la cual hoy en día sólo quedan cuatro kaikugile -artesanos del kaiku-, residentes todos ellos en la cuenca del río Bidasoa, en las villas navarras de Zubieta, Errazu y Sunbilla.

Buena parte de las hachas que emplean tanto los baseritarras como los leñadores -aizkolari- provienen de las fraguas de los últimos herreros -arotza o errementeria- que aún mantienen su oficio (entre otros, Juan Jauregui, en Urnieta, y los hermanos Erviti, en la localidad navarra de Leitza), quienes también son requeridos con frecuencia para aguzar el filo de una guadaña -sega- o para recuperar su temple perdido.

Barriles de Pablo Iturgaiz, último tonelero de Gipuzkoa

En la vertiente mediterránea del País Vasco, cuyas poblaciones se basan en una economía eminentemente agrícola, florecen especialidades artesanales adaptadas al tipo de cultivos que en ella se desarrollan, como son la tonelería -upelgintza- y la fabricación de pellejos y botas de vino, íntimamente ligadas al mundo de la viticultura. Los últimos talleres de tonelería tradicional se encuentran ubicados en la ribera navarra. En Gipuzkoa, el último artesano que aún construye toneles es Pablo Iturgaiz, de Pasai Antxo. Desde este lugar antaño se exportaba por barco gran parte de la producción vinícola de La Rioja y de Nafarroa (Navarra).

La alfarería no ha llegado a cuajar con plenitud en Euskal Herria, sobre todo en Gipuzkoa, quizás por el uso extendido de la madera en la fabricación de vasijas y recipientes. Aun así, merece la pena destacar como elemento más representativo el tipo de cántaro conocido como pedarra.

Un oficio prácticamente desaparecido es el de cantero, siendo ésta una pérdida significativa por cuanto en otro tiempo llegó a ser una de las especialidades más extendidas y que más fama dio al País Vasco, como es el caso de los canteros que intervinieron en la construcción del Monasterio de El Escorial.

Dentro del capítulo dedicado a la alimentación debemos mencionar los famosos quesos de Idiazabal, elaborados a partir de leche de oveja, cuya producción sigue siendo la mejor carta de presentación de nuestros pastores. En lo que a bebidas se refiere resulta obligatorio hablar del txakoli, vino de sabor ácido característico, cuya elaboración artesanal se reduce dentro de Gipuzkoa a las localidades costeras de Getaria, Zarautz y Zumaia. Aún sin tener el rango de vino, la producción de sidra -sagardoa o vino de manzana-, cuyo consumo goza de gran popularidad, sigue conservando su sabor tradicional. Dicha elaboración se centra en torno a la capital donostiarra (Hernani, Astigarraga, Lasarte, Urnieta, Andoain, Usurbil, Tolosa,...).

Hablar de instrumentos musicales tradicionales en Euskal Herria es hablar del txistu, que en la actualidad se fabrica en Zumarraga y Lazkao, pero no podemos dejar a un lado otras piezas no tan conocidas como son la alboka (León Bilbao, de la localidad vizcaína de Arteaga -Castillo y Elejabeitia- es a la vez constructor y virtuoso instrumentista -albokari-) y la gaita, similar a la dulzaina castellana, de uso generalizado en Navarra.

Argizaiolas tradicionales

Para finalizar únicamente mencionaremos otras disciplinas artesanales destacadas de Gipuzkoa: el damasquinado en el que descuella la villa armera de Eibar; la construcción de cestas de mimbre para el juego de pelota en Orio e Ibarra; y la fabricación de muebles y talla de objetos diversos de madera en la mayor parte de las localidades de la provincia. Dentro de esta última especialidad destacan como objetos singulares los bastones -makila- de Irún y Hondarribia, y las argizaiolas, tablas de madera que se colocan sobre las sepulturas en el interior de ciertas iglesias, alrededor de las cuales se arrolla un cabo de cera.

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Last modified: Nov, 02, 1999